Ay con el correo!!!

En marzo del año pasado, nuestro blog amigo pemepe project, publicó una entrada en la que nos compartía algunas frases que suelen ser las más comunes en las empresas. Hay varias y son muy divertidas, pero entre todas ellas hay una que me genera cierta picazón, una desesperante comezón: “envíamelo por mail”. ¿Cuántas veces, estimado lector, has escuchado esta frase? ¿Cuántas otras, un poco apresurado por el poco tiempo que tienes disponible, le sueltas a tu interlocutor esta frase que da por terminada la conversación y que expresa que, al mismo tiempo que en algún otro momento decidirás estudiar el tema en cuestión, estás proponiendo la existencia una prueba que no tendrá apelación ante cualquier malentendido?: Envíamelo por mail! Lo miro y te cuento…
Las comunicaciones humanas han venido transformándose en teclear de computadores, como el que en estos momentos atropella en mi máquina para escribir mis pensamientos, hasta el nefasto punto en el que no es suficiente con que sean sólo dos metros los que haya que salvar para interactuar con tu vecino de oficina y agregar una anotación, compartir un punto de vista, interpelar, hablar, tan sólo hablar: tecleas frenéticamente, adjuntas un archivo, quizás anotas un comentario gracioso o si eres de aquellos a los que les gusta las novedades, incluyes el último emoticón para agregarle un “toque” a tu misiva… a tu vecino, en pocos segundos le empezará a saltar un ícono en la pantalla o se le atravesará una ventana minúscula con un encabezado, lo distraerá por un segundo y es muy posible que decida leerlo más tarde. Y tú, tú diste por hecho que por haberlo enviado ya cumpliste con tu parte. Ya él me dirá qué le parece cuando lo lea.
Muy posiblemente dos días después, cuando te acuerdes que estaba pendiente el asunto, le preguntes si leyó el correo y el te diga que no, que no ha tenido tiempo; tú le contarás entonces de qué se trataba, a lo mejor traigas una impresión que tenías sobre el escritorio, lo revisen en pocos minutos, lleguen a un acuerdo, se sienten en sus computadores y él ya no necesite ver el mail que le enviaste hace dos días.
Abogo por el buen manejo de la tecnología, pero sobre todo, por el buen trato humano, por el diálogo y la conversación; abogo por el contacto físico y la comunicación directa.
Y bueno, si no tuviste tiempo de leer este blog, sólo de escanearlo y quisieras hacerlo más tarde, puedes darme tu mail, te lo enviaré y si quieres, envíame un comentario después. Por lo pronto oprimo el botón “Publicar entrada”…

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